martes, 10 de octubre de 2017

Argentina 2017 (VI): El surgimiento de un sentido y la necesidad de creer

Argentina 2017 (VI): 
El surgimiento de un sentido y la necesidad de creer


Alejandro Lodi

(Octubre 2017)

(Viene de “Argentina 2017 (V): La revolución del acuerdo”).


Vivimos momentos en los que Júpiter transita sobre el Ascendente en Libra de la carta de Argentina y retorna a su posición natal. Es decir, la cualidad que simboliza Júpiter adquiere protagonismo, predomina en la vivencia de los acontecimientos, despierta -al menos potencialmente- en la conciencia colectiva, al mismo tiempo que toma cuerpo e inicia un ciclo que se desarrollará en los próximos 12 años.





Sabemos que, en astrología, Júpiter representa a “el gran benefactor”, en sentido que facilita el despliegue de los procesos, genera un clima de fluidez, de confianza y, por lo tanto, de abundancia. Propicia una sensación de haber dejado atrás las crisis, de salir del conflicto. También es el planeta de la dirección oportuna y el sentido estimulante. Júpiter contagia el espíritu de aventura, la fe en un proyecto orientado a “vivir mejor” que parece posible, válido y verdadero.

Es el que te hace ganar la lotería… (Risas).

O dar por descontado que la vas a ganar… sin haber comprado el billete… (Risas). En astrología mundana, se lo asocia al estamento judicial, el clero y al mundo financiero e industrial, como agentes de lo justo, del bienestar espiritual y del crecimiento y la prosperidad económica.

Podemos acordar que, tanto el tránsito de Júpiter por el Ascendente (inicio de un ciclo por las casas) como el retorno a su posición natal (inicio de un ciclo respecto a sí mismo), marcan tiempos de un significado relevante. Un momento propicio para que sintamos la existencia de una guía orientadora, un sentido expansivo que cobra coherencia, un viento a favor que nos confirma en una dirección oportuna. No necesariamente implica una sensación de bienestar, sino de ir hacia la resolución de los problemas, la confianza de estar en buen camino.

Por cierto, suena muy lindo. Pero también sabemos que en nuestras humanas vivencias los símbolos astrológicos pueden encarnar paradojas, Sobre todo si, aplicado a este caso, recordamos que nuestro Júpiter está en Escorpio. Por eso, como en este año 2017 estamos atravesando ese clima astrológico, antes de predecir una próxima y fatal bonanza, evaluemos los hechos de nuestra historia sincrónicos a estos tránsitos de Júpiter.

El anterior cruce por el Ascendente fue en 2005.




¿Qué ocurrió en 2005? Cristina Kirchner derrota en las elecciones legislativas de Buenos Aires a Chiche Duhalde, el peronismo se alinea con el presidente Kirchner y nace el “kirchnerismo”.


Néstor Kirchner adquiere una dosis importante de poder, que hasta ese momento no tenía, y nace un proyecto hegemónico. Es desplazado un exitoso ministro de economía, Roberto Lavagna, que había sido heredado de muy buena gana del gobierno de Duhalde. Se altera una continuidad surge una dirección nueva, con un nombre propio y una intención fundacional. La fuerza de ese nuevo sentido orientador prevalece en las siguientes dos elecciones presidenciales (2007 y 2011). Una visión muy específica y particular de la democracia, con una filosofía (sintetizada en las teorías de Ernesto Laclau) que valora acentuar las diferencias sociales y polarizar las posiciones políticas como modo efectivo de concentrar poder en la figura de un líder providencial de autoridad incuestionada. La lógica de la guerra aplicada a las relaciones internas de la comunidad, el patrón vincular de la polarización (aliado o enemigo, patria o antipatria), en el que una facción encarna los valores de la totalidad de la nación, por sobre el reconocimiento del otro y el respeto de las diferencias (pilares de la convivencia democrática).

En octubre de 1993 Júpiter cruza el Ascendente y en noviembre hace su retorno.



El proyecto de transformación económica del presidente Menem se confirma con un triunfo en las elecciones legislativas (42% a 30% a nivel nacional). Con ese voto de confianza, se consolida el “menemismo”. Todo el peronismo se encolumna detrás de su liderazgo y Menem presiona para lograr una reforma constitucional que permita su reelección.




En diciembre firma el Pacto de Olivos con Alfonsín, quien, ante la irreversible situación, cree que el acuerdo de reforma le permitirá introducir artículos que limiten la tendencia hegemónica (casi monárquica) que podría adquirir la nueva Constitución si se la promulga de manera unilateral. La confianza popular en la dirección que Menem le da a su administración a partir de ese momento es tan alta que es reelecto en 1995 (50% a 29%). Eran tiempos en los que el debate político giraba alrededor de quién era el auténtico responsable del -casi indiscutido- éxito económico (¿Menem o Cavallo?). La fe en “la convertivilidad” condiciona las elecciones de 1999: De La Rúa, el candidato de la Alianza (radicales y progresistas), triunfa bajo la promesa de mantenerla. Y aun después del colapso de esa política económica en 2001, los débiles ecos de la impronta de confianza que había dejado Menem en los ’90 fueron suficientes para triunfar en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2003, pero no para afrontar el ballotage (25% a 22%). Sirva este ejemplo histórico para no despreciar con valoraciones ideológicas lo que los hechos evidencian como una realidad psíquica y energética: en 2003 Menem aun inspiraba confianza y sensación de que “podía conducirnos por la buena senda” en un cuarto de los votantes, sin que ningún otro candidato supiera proponer algo que la superara.

El anterior tránsito de Júpiter sobre el Ascendente y de retorno a su posición natal se da entre noviembre de 1981 y junio de 1982.


Un colapso de sentido y una crisis de fe. ¿En qué? La fe en la casta militar como reserva moral de la nación. El colapso es aún más catastrófico porque se suma los tránsitos de Saturno y Plutón en conjunción sobre el Ascendente y Júpiter. Recordemos que Argentina es Júpiter en Escorpio: el sentido que brota en las situaciones extremas, la visión orientadora que emerge del descenso a lo oscuro. La evidencia de los horrores de la dictadura y su intento de disolverlo apelando a la épica nacionalista.




La arrogancia fanfarrona de “Que venga el principito…”.

El exceso de confianza es auto-destructivo… En esa pesadilla se agotan creencias y cobra sentido, dirección y valor el sistema democrático. Este es un punto del que habitualmente no se habla. La llegada a la democracia en 1983, antes que fruto de un proceso orgánico de la conciencia colectiva, es resultado de un episodio patológico de bipolaridad que vivimos como comunidad. En 1982, con diferencia de dos meses, pasamos de una adhesión unánime y de una confianza plena y absoluta en las autoridades militares (hasta el punto de confiarles la suerte de nuestra juventud en una guerra), a su repudio y aborrecimiento más extremo. De vivarlos como héroes, a descubrir que eran perversos asesinos. Eso en dos meses. Si se tratara de la conducta de una persona, creo que le recomendaríamos acudir a un especialista, a reforzar el tratamiento terapéutico, incluso a no dudar de recurrir a fármacos, porque nos resultaría evidente el desborde y la pérdida de contacto con la realidad. Es un episodio que revela una euforia y una caída demasiado pronunciada.

Una plaza llena extasiada, una plaza llena defraudada. De la adoración al engaño…

Insisto, con dos meses de diferencia.

Ser conscientes de esta situación deja en evidencia que la democracia alcanzada un año después era muy frágil y que nuestras convicciones democráticas no podían ser demasiado confiables. Nuestra democracia viene con ese estigma. Y aquí nos salimos de análisis de Júpiter y volvemos al ciclo de Plutón que iniciamos en esa época y que en 2017, con el tránsito por la casa IV, llega a su momento de forma. Que no nos extrañe lo que hoy se hace visible. Estamos asistiendo al momento de forma de la democracia qué hemos generado a partir de aquel episodio bipolar que sufrimos en 1982. Cuando hacemos giros demasiado abruptos no podemos registrar toda la información que está en juego y hacemos inconscientemente un recorte. En momentos traumáticos la conciencia recorta la información, simplifica la situación, para poder organizarse. Es la sombra de la conversión. Cuando súbitamente nos convertimos “en otra cosa”, algo queda afuera del proceso orgánico. Esas conversiones demasiado extremas y rápidas deben encender una alarma. Es posible que en esa conversión no haya sido posible reunir toda la información que está en juego en el suceso traumático, lo cual va a generar sombra.

Vamos al anterior hito. Entre noviembre de 1969 y agosto de 1970, Júpiter cruza el Ascendente y hace su retorno.



El 1ro de junio del 70 aparece asesinado el General Aramburu, luego de haber sido secuestrado. Es el bautismo de la organización Montoneros en la lucha política armada.



Es un momento en el que comienza a cobrar fuerza una visión, una dirección impregnada de una enorme fe, confianza y sentido para la suficiente masa crítica de la comunidad, sobre todo en la juventud y en quienes se reconocían peronistas. El secuestro y asesinato de Aramburu generó un gran impacto, pero no consternación en la población. Aramburu cargaba con el estigma de la Revolución Libertadora y sus fusilamientos. En muchos hubo una sensación de justicia reparatoria, cierto sentimiento de que “por fin había recibido su merecido”. El mismo Perón lo tradujo en esos términos: “la violencia en manos de pueblo no es violencia, es justicia…”.




La dirección violenta que inauguraba la juventud revolucionaria contaba con el aval del padre protector, del caudillo providencial. Se extendió 12 años e incluyó la reacción más aberrante. En el comienzo del siguiente ciclo de Júpiter, en 1983 un gobierno democrático y constitucional, elegido sin fraudes ni proscripciones, decide llevar a juicio a los principales responsables de esa violencia: los jefes de las juntas militares y de las cúpulas de las organizaciones guerrilleras.

El anterior jupiteriano se da en 1958.



Aramburu, el mismo que caerá asesinado 12 años después, le entrega el poder a Frondizi, que llega a la presidencia a través de elecciones en las que se decide proscribir al peronismo, luego de una reforma constitucional.



Aún así, Frondizi despertó cierta esperanza de una nueva dirección, de confianza en alcanzar una armonía y madurez que permita el desarrollo de la sociedad. Incluso, con el guiño de Perón que, desde el exilio, ordenó votar a favor de Frondizi. Un dirigente de alta formación intelectual, con una visión progresista antes que conservadora, llega a la presidencia y despierta la expectativa de iniciar un ciclo de sentido que supere la antinomia entre peronismo y anti-peronismo. Dispuesto a disolver fanatismos y prejuicios ideológicos, alineado con las democracias de Occidente, también mantiene vínculos el mundo socialista. Con motivo de la presencia de Ernesto Guevara en Punta del Este, por la cumbre de ministros de 1961, Frondizi propicia un encuentro de incógnito con él en la residencia de Olivos en Buenos Aires… La historia es conocida, Frondizi es derrocado por un golpe militar en 1962.

Y vamos a cerrar nuestro estudio con el anterior momento jupiteriano. En 1946, Júpiter cruza el Ascendente y retorna a su posición natal. No sé si consideran que pasó algo en 1946… (Risas).



La llegada de Perón a la presidencia y el surgimiento de la figura de Eva Duarte son sincrónicos a este momento jupiteriano de una nueva dirección que imprime esperanza, de un sentido trascendente que contagia fe y entusiasmo.



De la mano de Júpiter, en 1946 la justicia social emerge como bandera de un movimiento político que se autodenomina “justicialismo”. La reparación de viejas injusticias, el reconocimiento y la inclusión de mayorías hasta ahora postergadas, conformaron la base de una visión de nuestro país radiante de vitalidad que adquiere un carácter casi religioso aun vigente.

Desde esta perspectiva histórica, la consideración de estos últimos 6 ciclos de Júpiter quizás nos permita salirnos de las anécdotas coyunturales del presente y apreciar que estamos dando inicio a un nuevo ciclo en 2017 y que se extenderá hasta 2029.





Somos contemporáneos a un momento análogo a los que hemos presentado. Son tiempos en los que se traza una directriz que condicionará lo que ocurra en los siguientes 12 años. A veces ese impulso original se desarrolla y prospera su sentido, en otras se malogra y trunca su dirección.

Ambas cosas pueden ser ciertas… (Risas).

Quiero decir, cuando Júpiter cruza el Ascendente y retorna a su posición natal encontramos hechos y decisiones que marcan un rumbo, una especie de “causa primera” que determina un serie de consecuencias. Todo lo que ocurra a partir de ese momento debe ser consecuente con ese primer movimiento. En 1970, con el secuestro y asesinato de Aramburu, el espíritu revolucionario, el anhelo de la patria socialista cobra una dirección y sentido, del cual la toma de distancia de Perón en la Plaza de Mayo del 1ro de mayo de 1974 es consecuente, el golpe militar de 1976 es consecuente, etc. No quiere decir que la aspiración del inicio vaya necesariamente a concretarse, sino que toda la circulación de ese ciclo de 12 años estará condicionada por aquella línea directriz. Son momentos que marcan épocas. Y es muy interesante apreciar como deja de tener presencia cuando el ciclo termina: el menemismo emerge en 1993 y se convierte casi en “una pieza arqueológica” a partir de 2005, el alfonsinismo surge con el ciclo de 1982 y no sobrevive a 1993, la violencia política parecía inevitable en los ’70 y se agota (o sólo resurge con brotes fugaces) a partir de 1982.

En definitiva, nuestra hipótesis es que el patrón cíclico que vemos operar en el pasado, por correspondencia, también lo hará en el futuro. En este momento, estamos gestando ciertas líneas directrices, visiones que aspiran a realizarse, que operarán en (y condicionarán a) los próximos 12 años; con mucha más fuerza a partir de 2018, cuando Júpiter natal reciba el tránsito de Urano.

(Continúa en “Argentina 2017 (VI): La conciencia de la épica revolucionaria”).


*

lunes, 2 de octubre de 2017

Argentina 2017 (V): La revolución del acuerdo


Alejandro Lodi

(Octubre 2017)

(Viene de “Argentina 2017 (IV): Acerca de novedades y prejuicios”)



Hemos considerado el tránsito de Urano a Sol-Luna de Argentina, pero no es la única incidencia uraniana relevante del momento. En 2017 transita la cúspide de casa VII, en oposición a Júpiter, que transita la cúspide de la casa I. Es decir, en 2017 Urano transita el Descendente mientras hace oposición a Júpiter, que transita el Ascendente en Libra de Argentina.



Que Júpiter y Urano se opongan en el cielo no es un hecho tan peculiar. Ocurre cada 13-14 años. Lo que sí resulta altamente relevante es que esa oposición se dé en el eje I-VII, mucho más si se trata de un Ascendente en Libra.

¿Qué significa la casa VII en astrología mundana? De acuerdo con los textos clásicos, las relaciones exteriores, el vínculo con otras naciones, el estado de las relaciones internas de la sociedad, el encuentro de las diferencias o el efecto desintegrador de las mismas, la armonía cooperativa entre grupos diversos tanto como las organizaciones antisociales y los enemigos públicos, los matrimonios y los divorcios. Tal como en la astrología aplicada a personas individuales, la casa VII refiere al vínculo con el otro.

Que Argentina sea Ascendente en Libra implica que el encuentro con el otro es, además, un aprendizaje de destino. No nos resulta natural, no representa un talento espontáneo, sino que simboliza la irrenunciable convocatoria a un don incómodo. Nuestro país tiene como destino abrirse al encuentro con el diferente, no con el semejante. Un alto desafío para nuestra naturaleza canceriana, que prefiere permanecer refugiada con los propios, que solo tolera vincularse con lo que es familiar, con quien compartimos memoria, pasado y pertenencia. El Ascendente en Libra nos propone reconocernos en el otro y descubrirnos -sobre todo- en el enemigo… No desesperemos. Seamos optimistas. En 2.000 ó, a lo sumo, 3.000 años lo vamos a aprender… (Risas).

El tiempo necesario para descubrir el beneficio de la vincularidad… 

Exacto. Gracias a la oposición que los otros nos presentan podemos sorprendernos con dimensiones desconocidas de nosotros mismos, talentos que no se revelarían si permaneciéramos vinculados con lo conocido. Tiene que ver con ese concepto oriental del “honorable enemigo”. Antes que entregarnos al anhelo de eliminarlo, reconocer al enemigo como una necesidad virtuosa. Nuestro aprendizaje de Libra -como ya lo hemos visto- se choca mucho con lo canceriano, con el sentimiento de pertenencia cerrada, con la seguridad de los grupos y la fidelidad familiar. Esta resistencia canceriana se reproduce en nuestra conducta política de desprecio a la posición del otro, de subordinación a la voluntad de caudillo paternal-maternal, de devoción por el líder providencial y carismático, de prepotente búsqueda de una hegemonía por la cual la totalidad quede subsumida (y reducida) a la visión de una facción. (*)

Recordemos que, en realidad, somos Ascendente en Libra y Júpiter en casa I: destino de encuentro con el otro y confianza en la aventura de expansión del conocimiento, de sentirnos atraídos a ir más allá de lo conocido. Y este carácter del espíritu de nuestra comunidad es el que está estimulado por el tránsito de Júpiter y Urano sobre la cúspide casa I y casa VII respectivamente.


Vivimos tiempos en los que es legítimo y oportuno plantearnos una liberación de viejos hábitos de relación, de romper con costumbres tóxicas en nuestro trato cotidiano, de dar una salto de creatividad en modos vinculares agotados. Todo eso es símbolo del tránsito de Urano sobre la cúspide de casa VII, tanto como que los vínculos pueden “volverse locos”, manifestar extravagancias, marginalidades o hábitos de clandestinidad que parecen resistir toda integración. El tránsito, en simultáneo, de Júpiter sobre el Ascendente estimula la confianza en ampliar nuestra visión, resignificar valores y asumir creencias más comprensivas, renovar las ideas compartidas a favor de abrir un sentido trascendente a nuestros conflictos más regresivos, atávicos y dolorosos. Este tránsito también puede implicar, por cierto, una simplificación optimista, incapaz de dar cuenta de la complejidad de la situación, o un voluntarismo ingenuo que no sepa registrar los traumáticos condicionamientos de nuestro inconsciente colectivo.

¿Qué significa ampliar nuestra visión o renovar creencias e ideas compartidas?

Júpiter tiene que ver con la justicia, más precisamente con el espíritu de la leyes. De la mano con Urano, la justicia puede mostrar un comportamiento sorpresivo, novedoso y creativo. Es un clima propicio para una renovación de las leyes en función de ajustarlas a principios orientadores y que aportan un nuevo sentido. Incluso puede tratarse de una reforma de la propia Constitución, impulsada a favor de nuevas aspiraciones de nuestra comunidad, compartidas y consensuadas por la plena mayoría y con respeto a la diversidad de matices. Una nueva carta magna que refleje reglas de juego funcionales a una visión de futuro y que dé testimonio de una auténtica revolución del acuerdo.

¿Qué puntos podría incluir ese gran acuerdo?

Podemos jugar con algunos ejemplos. A mí se me ocurren tres. Con eso me conformo… (Risas).

1) Desconcentración del poder. El Ascendente en Libra nos propone una forma de relación democrática, mientras que desde nuestro carácter canceriano-capricorniano preferimos mucho más una modalidad pre-democrática: el caudillismo (con su resonancia en el presidencialismo). Nuestra sociedad es mucho más feudal que democrática. Quizás no lo sea en Palermo Soho o en Puerto Madero (¿no lo es?), pero la situación de algunas (¿la mayoría?) de las provincias o del puntero político en el conurbano de Buenos Aires, reproduce formas propias del feudalismo, antes que de la democracia. Nos cuesta mucho asumir el espíritu de la democracia, ni que hablar de sus reglas. El caudillismo reproduce un diseño vertical: el poder se concentra en una voluntad (personal o de grupo). El poder no circula, se impone. Prevalece la fuerza por sobre la razón, la voluntad del caudillo por sobre la ley, la hegemonía por sobre la persuasión o el consenso.

Nos cuesta mucho desprendernos de hábitos del siglo XIX, y ya estamos en el XXI. Quizás resulte una exageración mía, pero cada vez siento más el anacronismo, la distancia que hay entre ese modo -cómodo y regresivo- de organizarnos socialmente propio de sociedad pre-democráticas, y los desafíos de la sociedad del siglo XXI ligados a la hiperconectividad, el vértigo de la tecnología y su alteración en los modos de producción y de propiedad. La gran revolución que nos propone estos tiempos refleja en el actual -y local- tránsito de Urano por la casa VII: romper el hábito -a veces opresivo, a veces relajado- de que otro nos organice la vida, de que otro sepa lo que necesitamos y nos lo brinde, de quedar sujetos a otro que toma la responsabilidad de nuestra existencia.

2) Impedir el nepotismo. Con Urano por la casa VII quizás sea un buen momento para que nos empiece a parecer raro que a un presidente, gobernador o intendente lo suceda la esposa (o el esposo o el hermano o el hijo), o que una persona que es elegida para ocupar un cargo del Estado nombre a miembros de su familia en la función pública, o beneficie a personas de su amistad con decisiones administrativas o adjudicaciones de obra. Se trata de un hábito monárquico: la pretensión de que el destino de una comunidad quede asociado al de un clan familiar.

3) Limitar la reelección de los cargos ejecutivos. La perpetuidad de una persona en funciones de poder deriva en sensación de impunidad y genera vicios de corrupción. Ya se trate de la presidencia de un país, de una corporación empresarial, sindical, deportiva o lo que fuera. La limitación de los mandatos es un gesto de madurez cívica, de autorestricción a favor de la transparencia. Es seguro que las voces más resistentes a esta conciencia denuncien que se está “proscribiendo a personas”, pero no se trata de una medida específica contra una persona, sino de la percepción de un patrón universal: el humano anhelo del individuo a perpetuarse, la cristalización de las formas, con su consecuente pérdida de creatividad vincular y fatal destino autodestructivo. Con Urano en tránsito por la VII podríamos revisar la tendencia de nuestros presidentes que, cuando se consideran exitosos, de inmediato comienzan a proponer reformas constitucionales que les permitan eternizarse en el poder.

En EEUU son dos períodos presidenciales consecutivos y luego el retiro…

Y no creo que lo hagan por idealismo sino porque su experiencia les indica que de ese modo el sistema se fortalece. Si el poder se concentra en una figura o en un clan, aunque a corto plazo parezca más efectivo, a mediano y largo plazo genera hábitos de corrupción que terminan atentando contra la continuidad del sistema. Para que el sistema se reproduzca de un modo saludable es necesario autolimitar la tendencia a concentrar en poder. No es filantropía, sino defensa propia. Se trata de que la conciencia colectiva de una comunidad descubra y asuma que en la concentración del poder, el nepotismo y la perpetuidad en los cargos se genera toxicidad vincular, corrupción institucional y riesgo autodestructivo.

Creo que estamos lejos de esa comprensión. Hay muchos políticos que no quieren saber nada con cambiar esas costumbres históricas. En nuestro país hay familias que se repiten en el poder desde la época de la independencia…

No es el hábito de una familia en particular, ni tampoco podemos identificarlo con una facción política. Es transversal. Es una tentación humana a la que nuestra comunidad es muy sensible. Es un rasgo constitutivo de nuestra nación el que debe evolucionar. Cuando la conciencia de su toxicidad alcance suficiente masa crítica quizás surjan los líderes con talento de estadistas (es decir, que vean más allá de lo conveniente a corto plazo). ¿Estamos en condiciones de generar hoy estadistas con la madurez de autolimitar su poder, líderes que cuenten con gran reconocimiento popular a su labor y que, no obstante, desistan de ser considerados providenciales y eternos?

(*) Ver “Argentina 2017 (I): Afectivos, ilustrados, fascinados”.


(Continua en “Argentina 2017 (VI): El surgimiento de un sentido y la necesidad de creer”).

*

viernes, 29 de septiembre de 2017

Argentina 2017 (IV): Acerca de novedades y prejuicios


Alejandro Lodi

(Septiembre 2017)

(Viene de “Argentina 2017 (III): Violencia, transformación y patología”).



Hemos visto los tránsitos de Plutón a casa IV, Sol y Luna de la carta de Argentina. Vamos a considerar ahora otro clima astrológico trascendente de este momento de la historia: Urano en tránsito a Sol y Luna natales.



Las últimas elecciones presidenciales se llevaron a cabo bajo clima uraniano. ¿Qué significa esto? Tiempos que anuncian cambio, renovación, acontecimientos súbitos que alteran la normalidad, hechos imprevistos e insólitos que afectan a Sol (figuras gobernantes, jefes de Estado, ministros y altos funcionarios de la justicia) y Luna (pueblo, democracia y la participación de la mujer). Momentos en los que es posible que ocurra lo que no esperábamos, algo que no resultaba previsible, que nos sorprenda, y que tenga que ver con esas temáticas solares y lunares. Que sea una buena o mala sorpresa es algo que está fuera de lo que podemos prever (la astrología es, recordemos, amoral).

Este suceso astrológico es sincrónico con la muerte del fiscal Alberto Nisman (18 de enero de 2015). De confirmarse su asesinato, se trata de un hecho de máxima gravedad institucional, de un magnicidio. En el contexto uraniano, ese acontecimiento trágico y sorpresivo no puede ser evaluado por la conciencia colectiva desde sus criterios y valoraciones habituales, sino que obliga a un salto de percepción porque abre a una realidad desconocida. Creíamos que la realidad era una, pero ese suceso uraniano nos muestra otra, nos expone a nuevos significados y revela la disfuncionalidad de nuestros juicios para responder a esa nueva realidad. La muerte de Nisman altera la consideración que el pueblo (Luna) tiene de las figuras gobernantes (Sol), torna anacrónicas ciertas miradas y opiniones, tanto que permanecer en ellas comienza a resultar patológico (una descripción delirante de la realidad). Aunque su golpe súbito pueda dejarnos aturdidos, Urano siempre es un oportuno rayo de discernimiento, un “darse cuenta”.

La muerte del fiscal Nisman todavía nos deja en vacío uraniano. Y nos obliga a dar cuenta de la cada vez más evidente actuación de ese oscuro subsuelo de nuestra sociedad del cual nunca tenemos suficiente claridad, que viene desde muy lejos y ha sabido subsistir en nuestra democracia: el sórdido tejido de los servicios de inteligencia. El espionaje estatal y sus secretas operaciones componen una trama que excede absolutamente nuestro conocimiento, que opera en nuestra comunidad sin que lo sepamos y sin que ningún gobierno haya podido (¿querido?) desmantelarla desde 1983.


Al mismo tiempo, en ese contexto uraniano se dan los comicios presidenciales de 2015. En elecciones libres, legítimas y sin proscripciones, vence una facción política nueva, distinta a los dos partidos que se habían alternado en los triunfos electorales del último siglo. Parece evidente que, más allá de que nos guste o disguste, ocurrió la sorpresa, lo que no era previsible que sucediera. Pocos creían que podía darse ese resultado. Incluso ningún astrólogo lo predijo. Mauricio Macri triunfa en el ballotage y, sobre todo, María Eugenia Vidal es elegida gobernadora de la provincia de Buenos Aires. Esos acontecimientos adquieren el carácter de “uranianos”, nos exponen a lo que “no podría haber ocurrido” y, por lo tanto, nos deja “en el aire”. En ese estado de suspensión de certidumbre, en esa situación en la que no podemos comparar lo que sucede con nada conocido, surgen dos tipos de respuesta: abrir la posibilidad de lo nuevo (es decir, tomar ese vacío de referencias conocidas como un desafío de creatividad), o sucumbir a la angustia (aferrarse a lo viejo y llenar el vacío con prejuicios).

Siendo un país con Sol en Cáncer, el vacío de referencias que propone la oportunidad creativa puede llenarnos de angustia y miedo…

Exactamente. Ante la aparición del hecho sorpresivo que nos deja sin referencias, si sostenemos ese vacío, puede ocurrir lo nuevo. Si, en cambio, no toleramos ese vacío, vamos a significarlo desde juicios absolutamente anacrónicos. Es decir, desde el miedo y la angustia no nos permitimos percibir qué es lo que está ocurriendo, sino que, para calmarnos, de inmediato lo clasificamos en categorías ya conocidas; de este modo, lo nuevo no es nuevo, sino que “ya ocurrió lo mismo en el pasado”.

Por cierto, como venimos diciendo “ambas cosas pueden ser ciertas…”. Puede ser que lo está ocurriendo no tenga nada de nuevo y que repita una forma del pasado. Es una posibilidad. Pero también puede ser que estemos viviendo algo distinto, que no encaje con categorías del pasado, y que esté desafiando a nuestra intuición creativa. Invoquemos al “mantra anti-polarización”… (risas). En cuanto aparezcan las posiciones fijas que dicen “¡sí! ¡está ocurriendo algo nuevo!” y “¡no! ¡es lo viejo!”, repitamos “ambas cosas pueden ser ciertas”.

¿Cómo podría haber sido significado este clima uraniano con otro resultado en las elecciones? El triunfo de Scioli acaso hubiera repetido una fórmula que ya hemos experimentado -con poco éxito y consecuencias finalmente trágicas- en el anterior tránsito de Urano al Sol-Luna de Argentina (entre 1971-1973): en lugar de “Cámpora al gobierno, Perón al poder…” hubiera sido “Scioli al gobierno, Cristina al poder…”. Lograr que el presidente elegido en las urnas no coincida con la figura que controle el poder puede verse como un gesto de creatividad política… o como una trasgresión del contrato electoral y una disociación -un tanto perversa- de la realidad. Por cierto, la creatividad y la trasgresión (o disociación) resultan dos modos bien distintos de vivir la energía uraniana.


Lo nuevo y distinto no siempre es creativo. También puede resultar regresivo. Pero siempre es irreversible. Luego de los tránsitos de Urano las cosas no vuelven a ser como antes. En nuestra historia del siglo XX, los climas de Urano al Sol-Luna de Argentina marcan fechas de alteración, de cambio, sin posibilidad de vuelta atrás, respecto a la relación entre el pueblo y sus figuras gobernantes:
  • 1931-1932: Ruptura con el orden institucional basado en la Constitución y vigente desde 1853. Golpe militar y aval judicial (acordada de la Corte Suprema de Justicia).
  • 1952-1954: Segundo mandato de Perón. Intento de un nuevo orden institucional basado en la Constitución de 1949. Polarización extrema, violencia política.
  • 1971-1973: Retorno y tercera presidencia de Perón. Surgimiento y auge de organizaciones armadas revolucionarias y contra-revolucionarias. Polarización extrema, violencia política.
  • 1992-1993: Primer gobierno peronista luego de la muerte de Perón. Cambios en la economía y el tejido social. Trágicos atentados contra la comunidad judía. Se acuerda una reforma de la Constitución para permitir la reelección presidencial.


Desde 2015 a la fecha nuestra comunidad vive un momento análogo a esos tiempos históricos. Quizás podamos compartir algunos apuntes y meditar sobre ellos.

¿En dónde podríamos percibir la manifestación de este clima uraniano de pérdida de referencias conocidas, de alteración de la continuidad con el pasado, y de oportunidad de cambios y saltos creativos.

Primero, no es fácil ubicar la identidad política de la agrupación gobernante en las conocidas categorías de “izquierda” o “derecha”. O al menos introduce algunas paradojas. El perfil social de la mayoría de sus representantes (empresarios, ejecutivos, profesionales) permitiría adjudicarle al actual gobierno una visión conservadora (es decir, de “derecha”). No obstante, su práctica de la política lo acerca a una visión liberal democrática: respecto por las instituciones, la división de los poderes, la libertad de expresión, ausencia de exaltaciones militaristas, clericales, de valores tradicionales o de modelos del pasado. En lo económico, hasta el momento, lo que parece proponerse es una política gradual orientada al desarrollo y el crecimiento, antes que el ajuste extremo indiferente al costo social (característico del fundamentalismo conservador). Su propensión a una economía de mercado no ha suprimido una activa participación de Estado, sobre todo en el área social y de obra pública. Parece evidente que la administración Macri no es “la dictadura”, ni la instauración de un “capitalismo salvaje”, lo cual no deja de ser una buena noticia. Si, no obstante, efectivamente lo encuadráramos bajo la categoría de “gobierno de derecha” estaríamos, entonces, frente a una evolución saludable, que muestra una diferenciación creativa que no replica (hasta ahora) los horrores de nuestra memoria histórica, y que nos obligaría a ensayar definiciones paradójicas (¿absurdas?) como la de referir a un “conservadurismo progresista”.

Sin embargo, desde la visión de “la izquierda progresista” (es decir, desde donde se esperaría la mejor disposición para apreciar los tiempos de cambio uranianos), el actual gobierno es idéntico a los anteriores gobiernos “de derecha”, en particular al más trágico: el de la dictadura. Esa visión revolucionaria, fija en su posición, necesita que lo sea. Macri es (tiene que ser) la dictadura. ¿Por qué? Porque necesita conservar esa visión en la que ha hecho identidad gran parte de una generación atravesada por el trauma del más encantador fanatismo idealista y la más horrorosa tragedia de nuestro país. Cristalizados en el dolor, la pasión de la generación de Plutón en Leo (1938-1956) todavía condiciona el discernimiento de la situación del presente y los desafíos de futuro: la actualidad y el porvenir debe coincidir con el pasado. En la otra cara de la paradoja (¿del absurdo?) a la que referimos antes, asistimos a la evidencia de “un progresismo conservador”.

Es “El día de la marmota”. Estamos atrapados. No salimos más. ¿No tenemos alternativa..?

¿Y si descubriéramos que las categorías de “izquierda” y “derecha”, de “progresismo” y “conservadurismo”, ya no resultan relevantes para apreciar el presente ni para contener nuestras intuiciones de futuro, o, al menos, necesitan ser radicalmente resignificadas?

Situaciones que animan a confiar en un cambio creativo (como la acción contra las diversas mafias que actúan en la sociedad) o que nos hacen temer una regresión al pasado (como la no esclarecida desaparición de Santiago Maldonado) pueden excitar posiciones extremas que, al polarizar, no permiten la libertad necesaria para discernir el carácter del presente, en sus valores y en sus limitaciones. El desafío es que cada uno de nosotros tolere esa apertura perceptiva que permita distinguir lo nuevo de lo viejo, lo creativo de lo regresivo, sin cristalizarla en ninguna posición ideológica ni identificarla con ningún caudillo o mesías político. Que ocurra lo creativo o lo regresivo no es mérito o defecto de ninguna idea o persona en particular, sino expresión de la conciencia colectiva que nos reúne e implica.

Por último, en sincronicidad con el tránsito de Urano a Sol-Luna de Argentina y haciendo énfasis en las claves simbólicas de la Luna en astrología mundana (pueblo y participación de la mujer), asistimos quizás a una revolución de las mujeres. Las mujeres en el poder.

Cristina Fernández como la figura más influyente de la oposición. Gabriela Micheti como vicepresidente de la Nación (luego de haber desafiado, en las internas de su partido, el liderazgo del luego presidente). María Eugenia Vidal como gobernadora de la provincia de buenos Aires y con un protagonismo en ascenso. Figuras como Margarita Stolbizer, Graciela Ocaña, Gladys González, Mariana Zuvic, entre otras, con destacadas y efectivas actuaciones en el desmantelamiento de oscuras tramas mafiosas. Mujeres que, además, suman una cualidad excepcional (es decir, uraniana) en la historia de la participación femenina en política: portan sus apellidos, no el de sus maridos… Vale recordar que en el anterior tránsito de Urano a Sol-Luna natal (1971-1973), la uraniana experiencia de que una mujer llegue, por primera vez en la historia, a la presidencia fue en tanto esposa del caudillo fallecido: Isabel Perón.

Pero quizás el rol más desconcertantemente uraniano sea el Elisa Carrió como parte fundamental del actual gobierno. La estabilidad del gobierno está condicionada, en alto porcentaje, a su inestable inclusión. La gobernabilidad y legitimidad de la administración Macri depende de la capacidad para contener esa diferencia, tan riesgosa como enriquecedora.

En nuestra historia política, lo habitual ha sido que ese tipo de diferenciación sea o bien subordinada o sometida, o bien expulsada y exiliada.

Si esto ocurriera, representaría la frustración de una oportunidad creativa: la de que un gobierno muestre la madurez de contener al fiscal de sus actos, de hacer creíble su transparencia incluyendo a quien lo habrá de observar, sin asociar fidelidad con complacencia ni fortaleza con obsecuencia. Nada sencillo, por cierto. Un auténtico salto evolutivo uraniano para nuestro carácter Sol en Cáncer-Luna en Capricornio.

Urano a Sol-Luna natal simboliza la oportunidad de lo nuevo y creativo. No podemos aun convencernos de que esa novedad la represente este gobierno o alguna otra visión que esté abriéndose en nuestra comunidad. Quizás no sea relevante determinarlo. Pero estamos en una situación distinta. En términos saturninos, anómala. Si confiamos en lo que indica la astrología y somos honestos en nuestra percepción (sin falsificarla con creencias previas demasiado próximas a prejuicios), podríamos estar atentos a qué respuesta dan los diferentes espacios políticos a esta situación uraniana. O evaluar qué voces de la sociedad juegan a favor de confiar en la intuición creativa y ser fieles al futuro, o necesitan capturarlas en etiquetas que confirmen que el presente replica el conflicto de la época colonial.

Finalmente, cada tránsito de Urano recrea su polaridad con Saturno (como cada tránsito de Saturno lo hace con Urano): la míticamente viva tensión excluyente entre lo viejo y lo nuevo, la forma conocida que tiende a perpetuarse y la oportunidad irreconocible que irrumpe, la comparación con el pasado y el incomparable rayo de futuro.

Cristalizados en nuestra percepción de la realidad, refugiados en las creencias e ideas en las que hemos hecho identidad, vamos a resistir la emergencia de lo nuevo en tanto no coincida con la visión de la realidad que necesitamos confirmar. Aceptar la novedad implicaría una transformación personal. El yo necesita habitar sus certezas, aun cuando descubra que se han convertido en prejuicios. Necesita que el presente reproduzca la forma del pasado que le otorga identidad. Cuando la percepción comienza a desbordar y contradecir sus creencias seguras, solo cabe una crisis de transformación de la identidad: la muerte a una imagen de sí mismo -forjada en la memoria- a favor de reconocer las cualidades creativas y diferentes que ofrece el presente, y renovar con ellas su propia visión personal y del mundo. Permanecer en lo conocido y seguro, ahogar la novedad para afirmar la continuidad, siempre es una opción, pero que solo conduce a mayor sufrimiento y, en extremo, patologías.

Resulta crucial evaluar qué respuesta prevalece en la conciencia colectiva: la confianza en lo nuevo (no exento de riesgos y fracasos) o el repliegue en prejuicios que fijan la realidad en sus moldes (tan ideológicos como emocionales). No hay seguridad de que aquello que creemos nuevo no termine reproduciendo lo viejo. No queda otra alternativa que ser fieles y honestos con nuestra intuición, ser valientes para disolver nuestros prejuicios, y asumir sus consecuencias.

(Sigue en “Argentina 2017 (V): La revolución del acuerdo”)


*

martes, 19 de septiembre de 2017

Argentina 2017 (III): Violencia, transformación y patología

Argentina 2017 (III): 
Violencia, transformación y patología

Alejandro Lodi

(Septiembre 2017)

(Viene de “Argentina 2017 (II): La oscuridad transversal”)


Hemos presentado el actual tránsito de Plutón a la cúspide de casa IV de la carta de Argentina y considerado algunos de los significados y hechos sincrónicos con ese clima. Pero no es ese el único movimiento relevante de Plutón en el presente: también transita a Luna y Sol natales entre 2016 y 2018 (tal como lo hiciera antes solo en tres momentos de nuestra historia 1838-1842, 1928-1931 y 1978-1980).


Se trata de un evento astrológico que ya hemos presentado en otros artículos (*). Recordemos que simboliza un clima propicio para ver la oscuridad de nuestras figuras gobernantes (Sol) tanto como la que circula en la vida cotidiana del pueblo (Luna). La perversión del poder y la que hemos naturalizado en nuestros hábitos de relación y en la vida familiar. Es un contenido horroroso e inconsciente que acaso hemos negado o reprimido, pero que ya no podemos proyectar en los dirigentes que gobiernan y administran lo público. Si creyéramos que esas conductas de espanto son propiedad de aquellos que elegimos para que nos gobiernen, entonces los convertiríamos en “chivos expiatorios”: descargaríamos nuestra propia oscuridad en ellos y nos sentiríamos ajenos a lo que percibimos y nos incomoda. La oposición Sol-Luna de la carta de nuestro país nos recuerda -implacablemente- que lo que vemos en nuestros gobernantes (Sol) es nuestro propio reflejo como pueblo (Luna). Y cuando el clima que opera sobre esa oposición es el de Plutón, la evidencia reflejada es de terror y náusea. Por supuesto, en un plano hay responsables y es saludable que opere la justicia y establezca sanciones y penalidades; pero, si eso condujera a que, como comunidad, colguemos sobre ellos nuestro insoportable sentimiento de culpa, entonces no nos quedará otro destino que seguir conviviendo con nuestros monstruos (¿inconscientes?) y permanecer cristalizados en la victimización, ya a extremos de una patológica manía de repetición.

Es un momento crucial. Antes que resolver una situación dolorosa, un tránsito de Plutón propicia que el dolor salga a la superficie y ya no sea posible ocultarlo, como paso previo y necesario para su curación transformadora. Meditemos en la referencia histórica del anterior clima plutoniano sobre el Sol-Luna natal: cuando Plutón recorrió los grados 17 y 19 de Libra entre 1978-1980.

Es el momento en el que sale a la luz un secreto, una verdad oculta de la que no estábamos enterados o no queríamos enterarnos. No se trata solo de las atrocidades del último régimen militar (sinceramente, creo que si nos quedáramos allí nos extraviaríamos), sino de asistir a la sombría crueldad que circula a lo largo de la historia de nuestra sociedad. No es la primera vez que acontecimientos históricos exponen esa evidencia, pero en aquellos años el grado de odio y de desprecio por la vida del otro se manifestó de un modo tan brutal que excedió las justificaciones culturales, ideológicas o religiosas en la que históricamente lo habíamos anestesiado. Hoy Plutón nuevamente nos interpela: ¿somos capaces de sostener ese discernimiento y asumir la evidencia que nos compromete, o cedemos al encanto adolescente de narcotizarlo con eslóganes, consignas y frases hechas autoindulgentes? La distancia entre una variable y otra es -tratándose de un contexto plutoniano- la de la transformación y la regresión, la sanación y la patología.

Plutón en tránsito a Sol natal indica tiempos de profunda transformación de la identidad nacional y de expresar su potencia, tanto como de asistir a la sombra de nuestro orgullo patriótico y de los traumas del pasado sobre los que hemos construido la imagen que tenemos de nosotros mismos. Para la astrología mundana, además, todo ello se corresponde con los atributos de las figuras gobernantes; más específicamente, jefes de Estado, ministros y altos magistrados de la justicia. Lo que percibimos en quienes nos gobiernan -sus cualidades transformadoras en beneficio de activar las potencialidades de la comunidad, tanto como sus abusos, corrupciones y megalomanías- está en correspondencia con contenidos inconscientes de nuestra identidad argentina. Como comunidad, reconocernos en lo que vemos proyectado en los egos gobernantes es la condición para iniciar un proceso de sanación de las tóxicas características de nuestra soberbia nacional. Un momento oportuno para distinguir el don del orgullo como sinónimo de honor de su falsificación en vanidad. La honorabilidad es generadora y estimulante; la vanidad es destructiva y anuladora. El orgullo honorable -maduro y responsable- implica una afirmación en el mundo; el orgullo vanidoso -demandante y apropiador- representa la negación misma de los vínculos.

Plutón en tránsito a Luna natal, por su parte, nos dice que hay mucho más dolor circulando entre nosotros del que nos animamos a confesarnos. Hay oscuras memorias, resentimientos y culpas, de las que no somos conscientes y que contaminan nuestros vínculos. Existen indiferencias, desprecios e ignorancias de hechos y situaciones que atraviesan de sufrimiento a gran parte de nosotros. Quizás ni siquiera aparezcan registrados adecuadamente por los medios de comunicación, ni considerados de un modo efectivo por las instituciones del Estado. Uno de esos temas es el de la instalación (progresivamente sostenida, al menos, desde hace 25 años) del narcotráfico en nuestra sociedad, no solo como negocio, sino como cultura. Esto representa una horrorosa degradación de valores de convivencia y una naturalización de la violencia. No sé qué sienten ustedes, pero no parece ser una situación que reconociéramos, que realmente percibiéramos próxima o en la que asumamos que estamos involucrados.

Pero atraviesa la sociedad. Se ha desarrollado una cultura violenta. Se ve en el fenómeno del fútbol, con las barras bravas involucradas en el negocio de la droga y controlando clubes, con la violencia y el desprecio por la vida del otro que implica que no se permita público del equipo visitante…

Es cierto, en los partidos de fútbol no puede haber simpatizantes de los dos equipos porque -institucionalmente- asumimos que no puede asegurarse la vida de los concurrentes. Y, de todos modos, sigue habiendo muertos en los partidos, porque se agreden entre integrantes de la misma barra a partir de disputas de poder y del negocio de drogas. Es un síntoma de espanto. El reflejo del maltrato establecido en nuestras relaciones cotidianas.

En los últimos años hay madres que comenzaron a asociarse, sobre todo en el conurbano bonaerense y en Rosario, a partir de que sus hijos han muerto víctimas del consumo las drogas y del narcotráfico. Son mujeres que “ponen su pellejo” y que se exponen a morir ellas también. Hay madres que han sido asesinadas. Y no entiendo cómo no son registradas. No sé por qué el asesinato de una de esas mujeres no es tan relevante como otros acontecimientos criminales de nuestra historia política. Si cediera al encanto conspirativo, diría que hay una intención para que la información de esas muertes no circule. Pero prefiero la opción de que nuestro inconsciente colectivo elige no enterarse de eso, quizás porque sea demasiado horrible la verdad que revelan esas muertes, tal como en su momento lo eran los desaparecidos. Tenemos que recurrir a Google para recordar el nombre de alguna esas mujeres asesinadas, como el de Norma Bustos, desaparecidas de nuestro registro consciente. ¿Cuántas más habrá que no llegan siquiera a las crónicas periodísticas? Estoy convencido que si nuestra conciencia colectiva fuera lo suficientemente sensible, esas mujeres, nucleadas a partir del dolor y de la necesidad de sanarlo con la verdad, conformarían algo análogo a lo que fueron las Madres de Plaza de Mayo, precisamente en los tiempos del anterior tránsito de Plutón a Luna natal de Argentina (1978-1980).

Es lo que te iba a decir. Esa negación del conflicto y de la realidad dolorosa no es nueva en la Argentina…

Exactamente. Por eso, también tendría que haber una transformación de lo que significa hoy tomar una responsabilidad como referente de los derechos humanos, porque va a comenzar a resultar anacrónico asociar derechos humanos con acontecimientos violentos de 40 años atrás, desconociendo lo que está pasando hoy. El tema es que tendríamos que liberarnos de moldes ideológicos a los que nos hemos acostumbrado y que definen cuáles son los motivos de reclamos humanitarios válidos y cuáles no. La cultura narco no parece estar dentro de ellos. No asociamos el narcotráfico como una actividad que atenta contra los derechos humanos de los miembros de nuestra comunidad. La verdad puede ser horrible: tal como descubrimos a finales de los 70 que la desaparición forzada de personas respondía a un plan sistemático implementado desde el Estado ¿cómo conmovería a nuestra conciencia colectiva la comprobación de que el negocio del narcotráfico -con la degradación moral y la comisión de crímenes que implica- no es una actividad delictiva marginal, sino que ha encontrado una necesaria complicidad de los poderes del Estado, cuando no a los mismos protagonistas?

(*) Pertinencias astrológicas sobre Argentina II: el espanto del discernimiento.


Pertinencias astrológicas sobre Argentina III: el musguito en la piedra.



*

sábado, 9 de septiembre de 2017

Argentina 2017 (II): La oscuridad transversal

Argentina 2017 (II): 
La oscuridad transversal

Alejandro Lodi


(Septiembre 2017)


Luego de describir los tres tonos energéticos destacados de la carta natal de Argentina (la patria afectiva, la patria ilustrada y la patria fascinada), vamos a desarrollar la cualidad de los ciclos astrológicos del presente y de los próximos años.

Presentar ciclos y tránsitos significa abordar procesos. Quiero decir, no nos vamos a conformar con “la foto del momento”, sino que el presente no está aislado del pasado ni del futuro. Los acontecimientos de la actualidad son fase de un proceso que se viene desarrollando y lo seguirá haciendo. Tenemos la tendencia a creer que siempre estamos en un momento fundante de la historia, pero, en verdad, aun cuando puedan pasar cosas novedosas, todo lo que ocurre está dentro de una lógica de proceso. La astrología es lógica de procesos. Cada cosa que ocurre es fase de un proceso, viene de algún lado y va hacia algún otro. Además, la astrología es circular y los ciclos se repiten. ¿Qué quiere decir esto? Que quizás para poder comprender lo qué estamos viviendo hoy, encontremos claves en las vivencias de esos mismos climas en el pasado. El pasado puede ser un condicionante que nos lleva a la repetición o también una referencia creativa; todo depende de la madurez con la que la conciencia (en este caso colectiva) haya elaborado los traumas de la experiencia.

Está ocurriendo hacia 2016-2017 una específica fase del ciclo de un planeta muy lento a la carta natal de Argentina: Plutón transita la casa IV, lo que además significa que desarrolla la cuarta fase del ciclo que comenzó cuando cruzó el Ascendente.






La primera vez que un planeta cruza el Ascendente de la carta de un país sí merece ser considerada como un momento fundante de la historia. Muchos más si se trata de Plutón, porque está inaugurando un ciclo de 250 años. El primer ciclo de Plutón en la carta natal de Argentina se inicia en 1982. Estamos astrológicamente legitimados a considerar que en esa fecha se inicia “una historia de Plutón” en nuestro país, que comienza a expresarse con una conciencia y visibilidad inédita, y que todo lo vivido con anterioridad es una pre-historia plutoniana.

Pero ¿qué simboliza Plutón y cómo se lo considera en astrología mundana?


Plutón representa al dios de las profundidades infernales, de las intensas y oscuras honduras del alma, tanto transformadoras como destructivas, tanto nutritivas y vitales como tóxicas y mortales. En lo psicológico, es indicador de la pulsión. La pulsión vital es amoral, no está sometida a criterios de bien y mal. Por eso es, psicológica y físicamente, pulsión de vida y pulsión de muerte, eros y tanatos, lo creativo y lo destructivo: no hay creatividad (ni integridad) sin destrucción.


Plutón refiere a cómo la conciencia organiza la potencia vital. Plutón tiene que ver con el poder. En la carta de un país, aporta claves acerca de cómo esa comunidad organiza el poder, cómo circula y qué trama de relaciones genera. Se vincula con las relaciones económicas de producción, con la explotación de los recursos y de la fuerza del trabajo, con el mundo empresario y sindical. Como fuerza psíquica, Plutón en la carta de un país simboliza la pulsión de la masa, en su modo generador y transformador, o en su expresión ciega y adictiva. Representa la fuerza de la vida: su organización, su sublimación creativa y su desborde destructivo.

Generalmente, a escala individual, los humanos reaccionamos a Plutón: sentimos la necesidad de concentrar el poder, para no quedar sometidos al poder del otro. Como naciones, hacemos lo mismo… y un poquito peor también. Concentrar poder produce mucha excitación, pero al mismo tiempo, mucho miedo. Con todo criterio, la conciencia sospecha que, en verdad, está a merced del inconsciente, que irreversiblemente la fuerza pulsional de la vida doblega a la voluntad personal. En palabras del poeta Evaristo Carriego “en el fondo temible de tu alma anda suelto un espanto de fiera…”. Plutón es el planeta de las adicciones. La sensación de que hay una fuerza dentro de nosotros que no puede ser controlada por la personalidad, que se impone a ella y nos conduce a pesadillas. El apego a conductas que producen alta satisfacción y placer en lo inmediato, pero que terminan siendo tóxicas y autodestructivas.

Por primera vez en la historia de la Argentina, Plutón transita el Ascendente en 1982 e inicia el primer ciclo por la carta natal. Con la particularidad de que lo cruza de la mano con Saturno. El señor de los límites también comenzaba un ciclo en 1982. El protagonismo de la pulsión psíquica colectiva (Plutón) y del principio de realidad (Saturno). El inicio de un ciclo de la estructuración del poder en nuestra comunidad. Un tiempo en el que no es posible eludir los hechos que expresan los contenidos más sombríos del inconsciente colectivo, de asumir sus consecuencias para desarrollar madurez y regular el uso del poder. Un tiempo propicio para que cobre protagonismo y emerja a la luz de la conciencia colectiva todo el horror y el daño que pudimos provocarnos entre nosotros, todo el desprecio por la vida que pudo reproducirse en nuestros vínculos.

En 1982 la entidad nacional comienza a estructurar la expresión del poder, a construir la forma institucional que contendrá las relaciones de poder entre individuos, corporaciones, estamentos, clases. Esto incluye, por supuesto, el poder económico, el poder político y el poder religioso. Es una transformación cultural que coincide con la fundación de un bloque histórico. En sincronicidad, es el inicio de la era democrática.

En 2016-2017, Plutón ingresa por tránsito a la casa IV. El proceso iniciado en 1982 llega a su momento de forma (fase IV de un ciclo). Aquel modo de organizar el poder adquiere una definición, un formato. La democracia soñada en 1982 es la realidad que deja en evidencia el presente del 2017. Un momento crucial. La forma que adquiere la organización de la pulsión psíquica colectiva va a determinar el resto del ciclo.

Toma forma la organización del poder gestada desde la recuperación de la democracia en 1983. Y aquí hay un punto clave: la astrología nos dice que no podemos responsabilizar de lo que vemos hoy a lo que ocurrió antes de esa fecha. Las relaciones de poder que muestra hoy nuestra sociedad son la gesta de esta democracia. Toda la potencia transformadora y regeneradora que exhiba hoy el proceso histórico iniciado en 1983 es propia del sistema que hemos construido, tanto en sus luces como en sus sombras. La democracia surgida del horror ha generado otros horrores.

Aquí es donde el astrólogo calla y propone una meditación colectiva. Seguramente cada uno, con su sensibilidad, puede apreciar que hay una deuda ética y moral entre nosotros más grande de la que quisiéramos tener. Quiero decir, de la mano con el fervor democrático, la forma que ha adquirido Plutón en estos años ha transformado traumas y superado dolores, pero ha generado desigualdades severas y hábitos tóxicos graves. Más allá de nuestras creencias e ideas políticas, siendo muy honestos y sinceros con nuestra percepción, se ha hecho (se está haciendo) muy evidente una circulación y manejo muy oscuro del poder. Claro, compararlo con la oscuridad previa a 1983 permite “blanquearlo” porque nada podría ser más oscuro que aquello. Pero el ciclo de Plutón no permite esa treta autoindulgente: el ciclo empezó en 1983 y se trata del poder construido desde esa fecha.

Es el tiempo de asumir la sombra de la democracia. La violencia cotidiana, la exclusión social, el narcotráfico, los hábitos de consumo de drogas, la oscuridad de los servicios de inteligencia, la corrupción política, judicial y policial, la trata de personas, los crímenes y atentados sin resolución ni condena, son los hechos que transparentan la forma del poder gestada (o, al menos, reproducida sin solución de continuidad desde el pasado) desde la recuperación de la democracia en 1983. No es de otra sociedad ni se corresponde con otro sistema político, sino que es la oscuridad de la democracia a la que supimos dar forma en esta comunidad. No son patología de la democracia, sino de “esta” democracia. La salud de nuestra democracia dependerá de la madurez y responsabilidad con la que asumamos la toxicidad que circula en el sistema. Y con Plutón en tránsito por la casa IV descubrimos que hay más toxicidad de la que imaginamos.

Así como no podemos acusar al pasado, tampoco podemos señalar a una facción política, corporación económica o estamento social de esta. La evidencia horrible interroga e involucra a todos. La instalación del narcotráfico no es el perverso triunfo de un grupo, sino el logro de una red de complicidades (más activas, más pasivas) que involucra a la sociedad de un modo transversal.

Otra gran sombra de nuestra democracia es la cristalización de la pobreza. La pobreza estructural. La pobreza naturalizada. La generación de 30 % de pobres en nuestra población, cautivos de operadores políticos que asisten a cambio de favores electorales, sin modificar las condiciones de base, sin ofrecer horizontes de progreso, sin comprometerse con la transformación y reversión de la situación de exclusión. El 30 % de la población condenada a la postergación permanente (como lo fueron sus padres, como lo serán sus hijos), amenazada sin salida por la marginalidad, la delincuencia y la droga.

Pero ¿esto responsabilidad de la democracia que empezamos a construir desde 1983 o viene de mucho tiempo atrás y atraviesa toda nuestra historia?

Convoquemos al mantra: “Ambas cosas pueden ser ciertas…”.

De todos modos, la calificada responsabilidad del proceso democrático que iniciamos en sincronicidad con el tránsito de Plutón por el Ascendente en 1983 se hace muy evidente con el narcotráfico. El narcotráfico, la instalación del narcotráfico en nuestro país, es un oscuro logro de nuestra democracia. Es una de las sombra más pesadas de nuestra democracia. No sabemos cómo pero quedó instalado. Y si está instalado es porque esto ha sabido penetrar la capa política, policial y judicial. Más aún, el narcotráfico es un fenómeno cultural, incluye dimensiones que van mucho más allá de la institucional, Compromete la educación, el arte, nuestros hábitos y costumbres cotidianas. Y va de la mano con el progresivo deterioro de la calidad de vida y de la pobreza estructural.

Finalmente, en esta sustancia sombría que golpea a nuestra conciencia colectiva en el contexto de Plutón en tránsito por casa IV (es decir, en fase IV de proceso iniciado en 1983 con su cruce del Ascendente) sobresalen otros dos componentes que provienen de muy lejos y que mantienen una continuidad incómoda para nuestra conciencia democrática. Uno es el de la corrupción estructural, naturalizada en la amplia gama de estamentos de la sociedad: organizaciones políticas, instituciones judiciales, entidades empresarias y financieras, policías y agentes del orden, clubes de fútbol… El otro es la tenebrosa y persistente acción de los servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad, que operan casi desde una realidad paralela de la que nunca termina de enterarse el común de la población.

Estas sombras que atraviesan la historia democrática de las últimas tres décadas -la instalación del narcotráfico, la cristalización de la pobreza, la naturalización de la corrupción y la continuidad de los oscuros hábitos de sectores ligados a seguridad e inteligencia- son cuestiones que, aunque las incluyan, exceden la discusión política, la reflexión de académicos, o las posiciones fijas de nuestras ideologías. Su reversión no tiene nada que ver con el triunfo de ciertas ideas sobre otras. No es un tema de ideas ni opiniones, sino de condicionamientos emocionales y discernimiento consciente. Esas sombras son un trauma en el alma de la nuestra sociedad y, en ese sentido, comprometen a una transformación emocional colectiva, conducen a una crisis espiritual en el corazón de nuestra comunidad, convocan a una sanación de la memoria de nuestra entidad nacional compartida.

(Continua en “Argentina 2017 (III): Novedades, miedos y prejuicios”).


*