jueves, 2 de mayo de 2013

CINTAS CINEMATOGRÁFICAS




CAPÍTULO II


CINTAS CINEMATOGRÁFICAS

El desarrollo de las películas como un arte de entretenimiento ha sido uno de los
fenómenos más extraordinarios de esta época. Ha traído drama, comedia, música, color,
baile, viajes, noticias, adelanto educativo y una marcada influencia cultural en sus mejores
formas, a las vidas de millones de personas, que de otra manera tal vez no hubieran
experimentado estas cosas realmente. En esta disertación nosotros no estamos interesados
en el desarrollo técnico sino en la significación oculta de la representación cinematográfica
y su efecto en las mentes y la conciencia de las personas de hoy. Existen los pioneros, como
en cualquier otro arte, que han osado resplandecer el camino hacia un progreso cultural más
amplio. Existen además, los trabajadores que adaptan los hallazgos de los pioneros y los
desarrollan en una escala mayor y más perfecta a medida que pasa el tiempo. También
existen los manifestadores del cine que no están interesados particularmente ni aún están
conscientes del progreso cultural y “que dan al público lo que éste quiere” en términos de
mantener aquello que ha sido establecido como normas de valor de entretenimiento. El
último grupo es el que más conspicuamente “alimenta la tendencia escapista del público”;
los dos primeros grupos sirven para mejorar, extender y regenerar el gusto y la apreciación
del público y son ellos mayormente los responsables de la cualidad más elevada del valor
artístico que puede hallarse en este trabajo.
Muchas veces las películas cinematográficas han sido mencionadas como un
“mecanismo de escape”, como una “panacea” para ayudar a la gente a olvidarse de sí
mismos y de sus inconvenientes. Una interpretación semejante muestra una falta de
comprensión. El arte cinematográfico no es esencialmente un mecanismo de escape aun
cuando alguna gente lo use como tal. Un acercamiento psicológico a este capricho de la
naturaleza humana debe recaer sobre el factor humano y no sobre el factor del cine. Los
nombres de los “mecanismos de escape” son numerosos; vamos a considerar su esencia.
Hablando astrológicamente, la vibración de Neptuno irredimido en combinación con
cualquier aspecto de cuadratura o de oposición es una potencialidad para el mecanismo de
escape. Los aspectos de cuadratura y oposición son puntos de división interna, congestión
de potencialidades, tendencias a la disgregación, puntos de ignorancia, confusión de
identidades, falta de conciencia de sí mismo, falta de confianza propia, inhibiciones a
través del temor y el odio, etc. La falta de regeneración de Neptuno es, entre otras cosas,
nuestra potencialidad de darle poder a las ilusiones. Y todos nosotros hacemos eso en
alguna u otra forma hasta que la conciencia se inunda con la luz del entendimiento y la
percepción clara como experiencia adquirida por la desilusión. Cuando sufrimos por
cualquiera de estas condiciones negativas y no sabemos por qué sufrimos, nosotros
tratamos de identificar las verdades internas con algo o con alguien fuera de nosotros
mismos.
Si se puede decir que la humanidad está motivada por un objetivo común, ese
objetivo es ciertamente la realización de ideales. El ideal es una música que una vez oída se
hace irresistible. La búsqueda de la realización de esta idealidad es el gran oleaje evolutivo.
Nosotros hemos seguido esta “música”, consciente o inconscientemente, desde que por
primera vez nos manifestamos. La realización de la idealidad es el cumplimiento de las
potencialidades a través de la expresión regenerada. Hasta tanto realicemos lo nuestro
propio como individuos, seremos empujados a buscar su exteriorización en alguien o en
alguna otra cosa. La evolución depende de la expresión; “no expresar” o “no actuar” es “no
evolucionar”. Aun la persona que vive en condiciones de lo que llamamos “criminalidad”
está evolucionando porque está expresando sus potencialidades; finalmente ella produce
causas que han de reaccionar como pago Kármico del cual puede aprender más sobre los
principios. La posesión de dinero es el símbolo del mayor bien de la vida para muchos y
nada los detiene para realizar este ideal; sin embargo, con el tiempo y a través de la
experiencia, ellos aprenden a conocer lo que es el dinero verdaderamente y entonces están
condicionados para ajustar su conciencia y sus acciones de acuerdo con un esclarecimiento
de principio en sus propias mentes. Gibrán dijo: “aun la palabra balbuceante fortalece una
lengua débil”; abandonar la búsqueda del ideal es morir en la conciencia; continuar
expresándose como un medio de buscar lo que es de más valor y más apreciado, es
evolucionar.
Nuestra reacción emocional a otra persona la identifica como un símbolo para
nosotros. Si la reacción es de envidia, celos, odio, temor, etc., esa persona ha servido para
estimular una de nuestras congestiones, confusiones o incumplimientos internos; la persona
a quien “odiamos” (deseamos destruir) se presta por el estímulo de su vibración para
recordarnos una culpa pasada muy seria, aún no reparada. Nosotros nunca “odiamos”
(realmente) a otra persona; solamente podemos odiar nuestros incumplimientos y podemos
destruirlos sólo por la expresión regenerada. Si nuestra reacción hacia otros es de armonía,
de júbilo, amor, admiración, inspiración, etc., entonces no importa lo que ellos sean, su
vibración ha servido para recordarnos nuestras propias regeneraciones internas. Esto
explica el por qué la gente ama leal y hondamente a aquellos que podrían maltratarla y
herirla; el lazo magnético de Karma proporciona “pábulo” a la persona que ama para verter
su amor. Amamos el ideal que otra persona representa para nosotros y ese ideal
“personalizado” es siempre un patrón de nuestro propio “sueño profundo de perfección”. El
criminal de más edad que ha tenido éxito financiero puede constituir un “ideal” para el más
joven y bisoño que ha decidido ejercitarse en lo que llamamos “conducta criminal”. No
obstante, en sus acciones antisociales, destructivas y sin principios, él todavía expresa en su
hondo impulso de emular, el símbolo del hombre más viejo. Haciendo justicia a los
ignorantes y poco evolucionados, debemos recordar que la persona a quien llamamos
“criminal” puede expresar una profunda devoción por aquellos para quienes trabaja o
dentro de sus limitaciones particulares de conciencia, él puede tratar honorablemente a los
de su “profesión” y utilizar su “ganancia mal adquirida” para que sea de verdadera ayuda.
Nadie es completamente criminal porque todos estamos tratando de realizar un ideal. El
parasítico “hace nada” es peor traductor de su propia naturaleza, que el criminal activo. Un
ladrón o cualquier otro, puede poseer por lo menos un poco de valentía. El “hace nada” no
tiene ni aún eso y por su propia naturaleza no es cooperador. El tendrá que hacer un
esfuerzo vehemente en el futuro para compensar sus deficiencias del presente.
Por lo tanto, la persona cuyas potencialidades no han sido expresadas
satisfactoriamente, o que se ha condicionado ajena a su ideal interno, puede acudir y con
frecuencia lo hace, a las cintas cinematográficas para lograr un contacto viviente aunque
artificial, con sus ideales personales. No es el propósito de esta disertación criticar o juzgar
el trabajo de actores específicos, excepto como una evaluación concerniente a este tema,
pero ciertos actores serán mencionados debido a la extraordinaria cualidad arquetípica de su
personalidad y apariencia física, más cierto nivel de habilidad técnica, por las cuales ellos
ejercitan el poder del simbolismo viviente en la subconciencia de individuos o grupos. De
los muchos que han ejercitado una influencia duradera en el subconsciente del público
citamos cuatro hombres de tipos opuestos cuyo trabajo en el cine americano representa
ejemplos sobresalientes de la personalidad arquetípica simbólica: Lon Chaney, Bing
Crosby, Rodolfo Valentino y Clark Cable.
Lon Chaney, cuyo trabajo en el cine mudo lo clasificó como el más grande artista en
maquillaje y uno de los más grandes pantomimos en el teatro americano, realizó como un
arquetipo, el impulso universal, instintivo de la humanidad, de desear trascender la pasada
monotonía de la “experiencia cotidiana”. Sus representaciones fueron casi sin excepción, de
cuerpos deformes y personalidades torcidas. Dio al auditorio la satisfacción de la atracción
subconsciente hacia lo misterioso y lo horripilante. Sus representaciones resultaban en un
impacto emocional, pues él tenía grandes poderes de proyección y las mejores de sus
representaciones tales como Quasimodo el Jorobado de Nuestra Señora fueron experiencias
dramáticas inolvidables. Epitomó los “caprichos del Destino” por los cuales la humanidad
sufre a causa de deformidades físicas o frustraciones terribles de los impulsos naturales. En
resumen, su propósito oculto fue traer al público del cine la conciencia de lo trágico en el
arte dramático. Su propósito y tipo de representación no fueron en absoluto para mero
entretenimiento. Haber respondido verdaderamente y de todo corazón a la obra notable del
señor Chaney significó una intensificación de conciencia del “pathos” del sufrimiento
humano. Su propósito oculto fue dirigirse directamente hacia el estímulo de la compasión
en el corazón humano.
El autor siempre ha estimado que la obra del señor Bing Crosby en la pantalla ha
sido uno de los influjos espirituales más extraordinarios en el mundo (1951). Con tanta
religión organizada actual, en un estado de inquietud y de cambio, la vibración y el talento
de este hombre nos traen a través de la canción y la comedia ligera, el estímulo
“suavemente expresado” pero de mucho alcance hacia el ideal humano, de la sencilla
bondad y la amistad natural. Su vibración, desde el punto de vista astrológico, es
poderosamente Venusiana, teniendo a Libra como Ascendente, el Sol en Tauro y la Luna en
trino con Mercurio y Venus. ¿Y quién puede personificar con mayor perfección el ideal de
la obediencia pasiva constructiva? Para hacer una analogía imaginaria, podríamos llamarlo
el “Francisco de Asís del siglo XX”, por ser tan imperiosas la bondad y sinceridad del
arquetipo que él representa. Las palabras se escriben y las acciones se planean; pero él tiene
en sí mismo la especialización de conciencia que proyecta esta cualidad arquetípica. Otros
representan y cantan, ellos son deleitables e imponen el respeto del público, pero sólo existe
un Bing Crosby, el “trovador del mundo” y arquetípicamente, el amigo de todos los que se
relacionan con él. ¿Quién no desearía poseer el poder amigable que él simboliza?. El
enternece los corazones más duros y con su gran serenidad logra las representaciones más
naturales, simboliza la personalidad descongestionada, expresiva, bondadosa; persuasiva
más que potente, con la percepción del bien inherente a todos. Si la gente que afluye a sus
películas reconociera que ellos como individuos sólo necesitan emular este arquetipo y
disolver residúos de malicia, de envidia, celos, impulsos dañinos, etc., no sólo disfrutarían
más aún de sus representaciones, sino que seguirían sinceramente su ejemplo. El señor
Crosby personifica verdades de la naturaleza humana regenerada - su obra es una serie de
sermones a través de la representación y el canto -. La gente de todo el mundo lo ama
porque les exterioriza las propias potencialidades internas de corazón y espíritu. ¿Considera
usted al señor Crosby - en la pantalla - como una “invención imaginativa” completamente
remota de usted y de su vida, o reconoce usted que se mira en un espejo el cual refleja
aspectos de su propia delicadeza, amigabilidad y armonía innatas?. Piense sobre esto
detenidamente.
El señor Valentino, un europeo latino, de apariencia hermosa, extraordinaria,
personificó en su tiempo un ideal romántico que sobrepasó en poder a todos los actores de
su tipo. La psicología podría decir mucho concerniente al dominio que este hombre ejerció
sobre el subconsciente de la mujer americana. Es cierto, aunque sea desagradable decirlo
que la miasma del puritanismo ha sido una mancha en su influencia sobre las mentes y los
corazones de la gente por muchos años y esta influencia ha desviado a muchas personas -
millones de ellas - del logro del ideal de cumplimiento espontáneo de la relación de amor.
El arquetipo representado por el señor Valentino fue la completa antítesis de esta
“filosofía” falsa, materialista, corrupta y deficiente. Los factores combinados de
temperamento latino ardiente, una cara y una figura hermosas, más una gran habilidad de
proyectar la intensidad del magnetismo sexual, le hizo posible a este actor efectuar un
arquetipo enfocado de personalidad masculina que exteriorizó el ideal de la
complementación del amor al subconsciente femenino. Bajo el hechizo de su vibración las
mujeres “redescubrieron” su condición básica e instintiva de mujer - el deseo de ser
conquistada, oprimida y transfigurada por el poder de proyección del hombre diestro y
culto -. En la vibración y personalidad de este hombre, nada en absoluto era “americano”;
él representó un tipo de personalidad de gracia masculina, cortesía, habilidad erótica y el
hechizo cultivado de una civilización más vieja. Puede haber o no, otros en la pantalla hoy
día que puedan compararse favorablemente con la vibración y la habilidad particulares de
este hombre, pero él fue en su tiempo, arquetípico de lo que muchas, sino la mayoría de las
mujeres buscan como compañero amoroso ideal Nadie sugiere que ningún hombre modele
su vida por la del señor Valentino, sino que lo que él simboliza se podría considerar y
aprender por muchos hombres que han permitido que sus conceptos de la relación entre
hombre y mujer se congestionen por la falta de gracia, por la ignorancia y el puritanismo -
con sus complejos de culpabilidad - y la falta de percepción de lo que es verdadera belleza
en la mujer. En sus representaciones en la pantalla el señor Valentino rindió homenaje al
ideal de la belleza femenina. Por vanidad personal muchas mujeres tratan de forzar el
homenaje masculino mediante ardides y artificios; pero finalmente el hombre rinde
homenaje a sus ideales y nunca a máscaras y triquiñuelas. Hay una lección que los hombres
deben aprender en consideración a la obra de este actor. El propósito oculto de la obra de
este actor fue que el hombre percibiera y que encendiera por la percepción, la belleza real
de la mujer a fin de que ésta se convirtiera en la hermosura que inspira.
El señor Gable, la personificación del tipo de Marte-Saturno-Mercurio, es
probablemente la mejor réplica americana de lo que el señor Valentino representó como
europeo. Gable ha sido designado justamente el más grande arquetipo de la personalidad
masculina en la pantalla de la actualidad, El es todos los hombres para toda la gente, su
Luna en Cáncer designa su facultad oculta para “alimentar el inconsciente colectivo”, y su
obra es acogida con entusiasmo tanto por los hombres como por las mujeres. En sus
representaciones de la pantalla podemos considerarlo fácilmente como desempeñando una
forma de “sacerdocio” hasta donde un sacerdote pueda considerarse como la
personificación de los principios de vida en la religión ceremonial. Alambicada como
podría parecer al principio la significación oculta de la obra de este actor, es profundamente
religiosa porque él enciende en la subconciencia de la gente, una percepción intensificada
de los principios masculinos de la personalidad.
Los estudiantes puede que no vean conexión alguna entre las palabras “religiosa” o
“espiritual” y las representaciones rudas, fuertes y por lo general toscas del señor Gable;
pero su persona y su vibración transmiten un símbolo de recursos, tolerancia, confianza
propia, fuerza física, buen humor genial y sobre todo la cualidad del valor que es la
cualidad arquetípica regenerada de la vibración de Marte. (El tiene a Marte en el signo
Ascendente haciendo cuatro aspectos mayores, dispositado por el regente del mapa y trino a
Júpiter y Saturno). La gente tiende a veces a “enfermarse internamente” con sus propias
futilidades, incompetencias y debilidades y con las de aquellos que lo rodean. El señor
Gable somete a su consideración la actualidad de patrones de gran fuerza física, mental y de
carácter. Su vibración enciende ciertamente un patrón de idealidad, puesto que el valor, la
confianza propia, la paciencia y el poder físico son arquetipos de Marte y como tales, ellos
representan cualidades que todos estamos tratando de realizar en nosotros mismos. La
trinidad de la Luna, Marte y Saturno es la base planetaria de cada ciclo evolutivo; Luna-
Saturno, como regentes del diámetro estructural de Cáncer-Capricornio, representa la
fuente paternal del “Yo Soy” de Marte así como su cumplimiento en la madurez. Una
madurez fuerte, bien integrada, presupone un Marte bien integrado y las cualidades
dinámicas poderosamente individualizadas del arquetipo de Marte que el señor Cable
simboliza es una esencia vibratoria que todos nosotros, hombres y mujeres poseemos como
una potencialidad que debe ser cumplida y expresada. La atracción universal de sus
representaciones está representada en la combinación de dos patrones distintos en su mapa:
Luna-Cáncer y Saturno-Capricornio, con el Sol y el regente en Acuario en sextil a Urano; la
ubicación de su Marte Ascendente en la duodécima casa nos da una clave para la
significación oculta de su vibración como un símbolo de la personalidad arquetípica.
Si usted es uno de los que se han sentido inclinados a identificarse con las
“representaciones cinematográficas” y desea libertarse de ese encarcelamiento simbólico,
haga una copia de su mapa, sin el número de grados; esto es lo que el autor llama mapa de
“Luz Blanca” - este es el cuadro simbólico de usted mismo corno arquetipo. Estúdielo con
el propósito de determinar cuáles son sus puntos focales vibratorios (olvide las cuadraturas
y oposiciones en este estudio) y comience por hacer algo para organizar su vida y poderle
dar una expresión más completa y libre a sus potencialidades vibratorias esenciales. Estudie
la obra del actor o la actriz cuyo trabajo en la pantalla le “fascina” y reconozca que algo de
sus personalidades o vibraciones también está en usted. Es su derecho y su deber buscar su
verdad como una expresión individualizada del arquetipo humanidad. Cuando comience
esta reorganización, usted se encontrará gradualmente liberado de la compulsión de
identificarse a través de otro - y su gozo del entretenimiento y el arte teatral cobrarán una
mayor sinceridad porque usted estará más y más capacitado para disfrutarlo y apreciarlo
por su propio mérito. El arte de vivir es descubrir a nuestro ser y lo que realizamos de
nosotros mismos.

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del libro " Estudios de Astrología VII ", de Elman Bacher

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miércoles, 1 de mayo de 2013

EL ARTE DRAMÁTICO




LA ASTROLOGÍA: EL ARTE DE LAS ARTES
CAPÍTULO I


EL ARTE DRAMÁTICO

El instinto de la representación es tan primordial para la naturaleza humana como
cualquier otro instinto. Considere la tendencia natural de toda la gente de acentuar o
intensificar la comunicación por medio de la palabra con gestos y expresiones faciales. Este
énfasis natural es lo que está cultivado por el intenso entrenamiento en el arte dramático,
del mismo modo que la belleza natural de la voz hablada se cultiva en el arte del canto.
Dramatizar significa intensificar - en cualquier forma o a través de cualquier medio. Por
consiguiente, la dramatización es uno de los atributos arquetípicos de todas las artes - la
expresión organizada de un “punto” especializado de reacción emocional, de pensamiento o
de realización. Aún la ejecución de dos o tres octavas de una escala en el piano (por lo
general no considerada particularmente hermosa) puede ser dramatizada por medio de la
dinámica tonal en formas tales que su identidad mecánica como una “escala” es
transformada en un “punto” de musicalidad expresiva. La habilidad técnica puede prestarse
para producir trabajo artístico generalmente designado como mediocre. La mediocridad
artística es esencialmente, arte producido sin inspiración.
La inspiración en cualquier forma - y hay muchas maneras de experimentarla - es la
forma más altamente dramatizada de la experiencia humana; en ninguna otra forma
experimentamos la reacción y la realización con mayor intensidad. Así como Marte y la
Luna son una impregnación y receptividad de “octava más baja”, del-mismo modo el Sol y
Neptuno son una impregnación y receptividad de “octava más alta”. El cáliz de Neptuno
recibe el torrente de poder solar en la “simiente del alma” (el pequeño círculo en el fondo
del símbolo de Neptuno), el símbolo de la impregnación espiritual o psíquica, la cual, en
cualquier forma, es inspiración; y la inspiración es siempre una indicación de la respuesta al
poder del amor solar - el signo Leo del Gran Mándala -. El Piscis de Neptuno es la octava
superior de la trinidad de agua iniciada por el signo cardinal de Cáncer el cual es el
principio triuno de la respuesta vibratoria simpática. El Sol y Neptuno son (en
combinación) la identidad planetaria del Padre-Madre Dios de la humanidad.
El arte dramático tuvo su comienzo en la ceremonia; la ceremonia a su vez, fue la
forma del hombre de personalizar sus realizaciones espirituales por símbolos de acción. La
ceremonia y el mito son dos maneras de decir la misma cosa: haciendo público por medio
de la acción y el relato, aquello que representa los conceptos humanos de los principios de
vida. La verdad del hombre es “la verdad de la Vida vista en un espejo”; el espejo es el
estado evolutivo de la conciencia emocional del ser en desarrollo. El arte de la
representación es el más personalizado de todas las formas del arte interpretativo - usando
como instrumentos la voz del cantante y el cuerpo del bailarín -. El bailarín se mueve en
ritmos especializados, el cantante “habla” en tonos especializados, el actor (por medio del
movimiento y la palabra) tiene algo de ambos. El gran actor funde dos talentos altamente
especializados; el de la pantomima que es “baile literal”, y el de la lectura de líneas, que es
“canto literal”. La buena representación formaliza ciertos principios estéticos del mismo
modo que la buena prosa; los movimientos del bailarín y la expresión vocal del cantante
corresponden a la representación así como la poesía a la buena prosa.
Teniendo en mente que “dramatizar” significa “intensificar”, consideramos ahora la
significación del diámetro Leo-Acuario, signos de la quinta casa de Aries-Libra, como el
símbolo arquetípico del principio de la expresión dramática. Este diámetro es la
polarización de lo que se simboliza esencialmente por la quinta casa del Gran Mándala - la
irradiación individualizada de los poderes emocionales -. Leo, fijo, de fuego, es el signo
que inicia la cruz fija, análogo a Aries y Sagitario de las Cruces cardinal y mudable,
respectivamente. Es el aspecto de amor del Yo Soy arquetípico y debido, al orden de
ubicación, Leo es la liberación de lo que está establecido en la cuarta casa. Su nota clave es
Yo libero y es pábulo no sólo para los otros tres signos de la cruz fija sino también para la
expresión activa del Sol en el horóscopo.
La generación es Escorpión-octava-casa así como la liberación individualizada es
Leo-quinta-casa- polarizados espiritualmente y por el genio a través de Acuario-undécimacasa.
Debemos tener presente que el poder, como Principio del Sol, no tiene propósito
alguno a menos que sea liberado y radiado. Todo el amor en el corazón humano, toda la
dotación creadora, todo el genio inspirado, manifestador o interpretativo son relativamente
insustanciales si no se expresan y es a través de Leo-Acuario y Sol-Urano que nosotros
expresamos creadora-mente, hasta dónde los humanos pueden ser creadores. Nosotros
contribuimos vitalidad emocional a las relaciones y a nuestro trabajo por medio del atributo
de amor de Leo. A través de él encontramos que el recurso de aquello que es
complementación enfocada, es generación y regeneración de Escorpión. Leo es el gran
símbolo de la alegría natural espontánea, el atributo dinámico cuya realización pasiva y
transitoria es llamada “felicidad”. Solo a través del regocijo es que amamos
verdaderamente, manifestamos o interpretamos con veracidad y servimos sinceramente. El
júbilo es un factor inevitable en la conciencia del artista aún en medio de la “sangre, el
sudor y las lágrimas”; no estar alegre es no amar ni irradiar, en el sentido creador de la
palabra. Las penas de Leo-Sol están arraigadas en la falta de oportunidad o en la congestión
de la destreza para ejercitar la irradiación del amor a otras personas o al trabajo. Las
agonías de Acuario-Urano están arraigadas en la incapacidad de afrontar los retos
gravitacionales de Luna-Saturno y en los “dolores del nacimiento” de la manifestación
bipolar. La conciencia humana no individualizada está representada por la sucesión de los
primeros cuatro signos zodiacales - Aries, Tauro, Géminis y Cáncer -. La radiactividad de
esta octava de conciencia primitiva está en el signo de Escorpión, signo de la quinta casa de
Cáncer de Luna - el instinto de engendrar formas como una liberación de recursos del deseo
-. Con la individualización, sin embargo, la persona se mueve en sucesión evolutiva un
paso más adelante del diámetro Leo-Acuario y su irradiación del deseo es transformada por
lo menos en un aspecto primitivo de conciencia de amor y conciencia de poder
individualizadas. La conciencia de poder individualizada es la primera necesidad
indispensable en el desarrollo y cumplimiento del arte manifestador o interpretativo. Por lo
tanto, cualquier artista debe saber que él es un poder y la integración personal debe
efectuarse antes que esa conciencia de poder pueda ser expresada. Ahora, sobre el
dramaturgo y el actor:
El dramaturgo es una especialización del prosista y del poeta, o de ambos. Sin
embargo, él es esencialmente más poeta que prosista, por las especializaciones de su arte
aún si no escribiera (y la mayoría de los dramaturgos no lo hacen) específicamente en
verso. La composición de drama implica no sólo una afinación instintiva con el principio
del ritmo, sino también can la musicalidad inherente de los valores del canto. El debe tener
algún conocimiento de los valores del movimiento inherente al baile ya que la
representación es pantomima y acción así como la palabra. Un sentido de “proporción del
tiempo” es tan necesario para su trabajo como lo es el sentido de “proporción del espacio”
para el pintor o la “proporción del tono” para el compositor. La conciencia del tiempo es lo
que llamamos la conciencia de la sucesión de reacción y realización. “Las reacciones y
realizaciones humanas” son lo que el dramaturgo presenta en forma “dramatizada”
estéticamente organizada. Realmente, la “acción” representada en el escenario es la
objetivación de series de reacciones y realizaciones individualizadas. En el escenario o en
la vida real, esta “acción” es siempre usa exteriorización de estados internos. Y la
mentalidad proteica o el entendimiento del dramaturgo le hace posible construir la acción
de su drama de acuerdo con un “conocimiento interno” profundo de la conciencia del
tiempo individualizada. El autor dramático puede o no tratar de presentar un mensaje en su
obra; pero lo que él presenta, ya como “mensaje” o “drama puro”, es la organización de su
concepto de los arquetipos reflejados a través de la conciencia humana individual o
combinada. Si usted lee cualquier obra digna de ser señalada como arte dramático
encontrará en algún sitio un “punto emocional” que es el arquetipo de la obra completa, no
importa lo complejo de su estructura. El arte del drama manifestador (el escrito de dramas)
es en este punto emocional, la organización armoniosa y expresiva de los elementos que
son enfocados, así como el árbol está enfocado en su semilla.
El Gran Mándala Astrológico con Aries de Ascendente, los puntos estructurales
cardinales conectados en un cuadrado, los signos de agua conectados en un triángulo, es la
imagen simbólica de lo que todo arte trata de interpretar. He aquí la familia humana - el
varón y la hembra de “padre e hijo”, varón y hembra en estado de inmadurez y de madurez,
y el cuádruple intercambio de polaridad física, genérica y evolutiva -. El trino de los signos
de agua es el principio de la vibración simpática por el cual manifestadores e
interpretadores “se afinan” con arquetipos a ser expresados a través de conceptos
individualizados en el medio estético.
La segunda representación del Gran Mándala tiene los signos fijos en los puntos
estructurales, Leo como Ascendente, Escorpión como base. Este es el mándala de todos los
artistas manifestadores (creadores) radiando de su recurso de poder creador, polarizados,
por el genio de Acuario para realizar una redención inspiradora kármica del subconsciente
grupal de la humanidad. La posición de Cáncer como signo de la duodécima casa de este
mándala nos demuestra que la potencialidad radiante del Ascendente Leo es derivada de
una profunda fuente de simpatía, cuyo arquetipo es la “paternidad o maternidad”. Ningún
dramaturgo eminente y verdadero hace su mejor y más inspirado trabajo impelido
básicamente por un deseo de hacerse de millones de pesos o de alcanzar fama o aplausos.
Lo hace porque no puede abstenerse de ello y vivir. Sólo que la gente verdaderamente
madura puede vivir (en el verdadero sentido de la palabra) sin contribuir a la vida. El
dramaturgo u otro artista manifestador, es un padre espiritual, un “epigenitor” de su
arquetipo. La base de Escorpión de este mándala apunta hacia la base psicológica de
intenso poder de deseo regenerador. Ningún gran artista es un marica psicológico; hay
percepción profunda, honda comprensión, sexualidad potente, emociones intensas y
consciente o inconscientemente una aspiración ardiente en todos ellos.
La tercera representación básica del Gran Mándala tiene a Sagitario en el
Ascendente, signos comunes en los puntos estructurales y Piscis como base. Este es el
mándala del artista interpretador que se armoniza con el concepto del manifestador y hace
de sí mismo un vehículo para la incorporación de ese concepto. Puede ser llamado, como
cuadro abstracto del artista interpretador, el “mándala de la instrumentación
individualizada”. El artista interpretador, disciplina, desarrolla y organiza sus habilidades y
sus facultades para poder calificar el ejercicio inspirador. Han existido varios artistas en el
campo del drama, del baile y de la música que han calificado para el título de manifestador.
De los artistas interpretadores hay dos tipos básicos:
Un tipo es el de la personalidad arquetípica de la cual existen - y han existido -
varios ejemplos notables en la esfera de la representación cinematográfica. Representativos
de este tipo en el cine mudo y hablado son tales como: Rodolfo Valentino, Theda Bara,
Mary Pickford (como la “Novia de América” de años pasados), Douglas Fairbanks, padre,
Mae West, Clark Gable y otros. El ejemplo sobresaliente de la personalidad arquetípica en
el cine de hoy es “Bing Crosby” - el “trovador del mundo” -. (1951).
El segundo tipo es el del verdadero intérprete dramático, el actor o actriz cuya
personalidad y equipo personal son pábulo para la afinación con el concepto del
manifestador. Todos los grandes artistas dramáticos son de este tipo y ellos personalmente,
por su influencia están entre los más conspicuos “inspiradores” de la raza humana. El
Ascendente Sagitario del “mándala del intérprete” pinta el sacerdocio esotérico (o
psicológico) de toda representación dramática. Por el poder del actor, la esencia de las
vibraciones de la personalidad humana es representada en los papeles que él desempeña;
estos patrones de vibración de la personalidad son condensaciones de principios de vida
expresándose a través del arquetipo humano. La proyección inspiradora del actor fundida
con la destreza y conocimiento del dramaturgo, contribuye con una vitalización de
conciencia humana de su propia experiencia e identidad como una expresión de vida. El
hombre trata siempre de realizar las verdades de su arquetipo y más que ningún otro arte, el
drama tiene el poder de encender puntos de esta realización. Nosotros no vemos realmente
nuestro propio (individual) yo en las representaciones de los grandes actores; vemos
“puntos del yo” exteriorizados. Nuestra respuesta al impacto de una gran representación de
un drama trágico tiene el efecto de elevar nuestra conciencia del “dolor localizado de
nuestras penas personales” a una vasta participación de las penas y sufrimientos de la
humanidad evolutiva. El actor y la actriz son intermediarios entre nuestra conciencia del yo
separativo y nuestra conciencia de identidad con la egoidad de nuestro arquetipo - la
humanidad -. Préstele un poco de consideración a sus respuestas a las funciones de la buena
representación. ¿Recuerda usted un sentido de “expansión en el yo superior” por el
estímulo a su simpatía, su fe, su amor y sus inspiraciones?.
Puede mencionarse aquí, a una persona que en su día fue considerada por muchos
como la más grande en el campo del arte dramático y cuyo cumplimiento de la dotación
artística significó uno de los más grandes progresos del arte teatral: Mme. Sarah Bernhardt.
La carrera de esta eminente actriz francesa (ella era nativa de París y también de Escorpión)
en los escenarios del mundo cubrió un lapso de algo así como sesenta años y desde el punto
de vista de una completa “cantidad de expresión”, así como de cualidad, fue un fenómeno
de proporciones imponentes. Ella no sólo interpretó papeles principales de los repertorios
clásicos, melodramáticos y líricos, sino que siendo tan grande el poder de su vibración,
inspiró la producción de un gran número de los mejores dramas de su tiempo - por autores
tales como François Coppée, Víctor Hugo, Edmond Rostand, y muchos otros -. Esta mujer
fue en verdad una sacerdotisa del arte dramático, consagrada con todas las fibras de su ser,
al cumplimiento de una dotación que fue verdaderamente un gesto de lo divino para los de
este plano. Léase una buena biografía de su vida. Reanimará su conciencia con una fe
renovada en el poder de la belleza que vive en el arquetipo humano.
Con relación a la lectura astrológica, la esencia simbólica de la habilidad dramática
es Venus, Júpiter y Neptuno, los signos Piscis y Leo y la quinta casa. La “carrera
dramática” envuelve ciertas configuraciones favorables con la Luna (como símbolo del
público) y también de la sexta y décima casas. (Los logros prodigiosos de la Señora
Bernhardt están indicados por el Sol en Escorpión en combinación con una conjunción de
Júpiter y Urano; es posible que ella tuviera la Luna y Neptuno en Piscis - Duodécima casa -
con Aries en el Ascendente.
¿Dramatiza el astrólogo?. Si es así, ¿cuál es su teatro y de quién son las líneas que él
lee?. Un factor en la ética del servicio astrológico exige que el astrólogo consultor sumerja
sus sentimientos personales evitando de ese modo la descarga de vibraciones negativas
contra su cliente perturbado y para que pueda efectuarse la claridad de armonización con el
horóscopo. En este respecto, él hace exactamente lo que el actor tiene que hacer. El
astrólogo en su persona y vibración, debe dramatizar la serenidad, la amistad, la
iluminación, el incentivo y el amor. Esto no es “hipocresía”, aunque la palabra hipocresía
significa esencialmente “uno que desempeña un papel”. El hipócrita falsifica por una
falsedad de la naturaleza, el astrólogo representa a través de las verdades de la naturaleza
humana.
El astrólogo “lee las líneas” de la naturaleza humana como una explicación de los
principios de vida funcionando a través de un arquetipo particular. Un escenario es
cualquier lugar donde él presenta privada o públicamente verdades astrológicas para la
iluminación de la conciencia de otras personas. El astrólogo se presta a dramatizar el bien
esencial de la persona para quien él lee y en esta función prueba su identidad como
hermano espiritual del artista dramático.

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del libro " Estudios de Astrología VII ", de Elman Bacher

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