miércoles, 2 de diciembre de 2015

Agrippa de Nettesheim


Agrippa de Nettesheim 

Agrippa de Nettesheim (el nombre se deriva del latín Colonia Agrippina = Colonia/D); de nombre civil Heinrich Cornelius, nacido el 15 de setiembre de 1486 CJ, */ 02h56 HG en Colonia y fallecido el 18 de febrero de 1535 en Grenoble/F. 

Filósofo neoplatónico y ocultista extraordinariamente culto que intentó incorporar en su amplia obra todo el saber y el conocimento de su época (Renacimiento/reforma) en una imagen global. 

En su primer trabajo De occulta philosophia – una de las obras más citadas en astrología – que publicó a la edad de 24 años, presenta de forma clara su concepto del mundo, basado en los pilares de la triplicidad y de la cuatriplicidad de la filosofía hermética. Divide el universo en tres mundos, el mundo elemental, el mundo celeste y el mundo divino, cuya simetría en el ámbito humano corresponde a la trinidad cuerpo, alma y espíritu. En todos los niveles están activas las cuatro fuerzas de formación de los elementos (fuego, tierra, aire y agua) y ante-puesta a ellas está una quinta esencia, mediadora y creadora – «la quintaesencia», cuyo efecto aparece como fuerza vegetativa en las plantas, como impulso y sensación en los animales y como razón en el ser humano.

 Atribuye un significado muy importante a la magia («su manejo abre el camino hacia Dios») y plantea la existencia de tres magias que corresponden a cada uno de los tres mundos: la natural, la sidérea y la divina. 

 Su segundo libro Filosofía oculta está dedicado a la magia sidérea (es decir a la astrología). De acuerdo con el espíritu de su época, que aplicaba en todas las «artes» (ciencias) el principio de la analogía, este libro es una completa representación de todas las analogías que tienen el «sello» (los principios astrológicos) en los cuatro reinos de la naturaleza, el mineral, el vegetal, el animal y el humano.

Agrippa llevó una vida muy inestable. Entre otras profesiones, ejerció como médico, jurista, diplomático, filósofo y oficial imperial; ocupaciones en las que tuvo una suerte cambiante. Probablemente esta vida le hizo resignarse, pues su última obra (tenía sólo 49 años) está notablemente impregnada de escepticismo. En un texto que trata de la «vanidad e inseguridad de las ciencias» juzga sin miramientos y con rigor científico las disciplinas espirituales de su época como la filosofía, la teología, la astrología y la magia, así como sus propios primeros trabajos.



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